26 Mayo, 2008

Agua

“¡Venga, salta!”, la alambrada amenazaba con el reflejo del cielo blanco. Al saltar, el alambre rasgó mi mano. Broto una linea de sangre, roja. Chupé la herida, el sabor metálico, pesado, inundó mi estómago. Lo importante es no perder sangre, seguir funcionando, tic tac. Seguí andando, como si nada hubiese pasado, unaque no podía evitar mirar hacia los lados cada pocos pasos.

Me afané en seguir a la figura vestida de negro. Su figura se recortaba contra el horizonte de manera qua el color negro se hacia diminuto frente al blanco oscuro del cielo. Legue al borde del acantilado, debajo habia más de lo que ahora se encontraba bajo mis pies, mas hierba verde, corta e infinita. Ví una cascada siguiendo la línea perpétua del acantilado.

Lo que ví, lo que oí allí, al borde del vuelo del río, no se parecía nada a lo que yo esperaba. Esperaba violencia, un salto de el agua, la vida, hacia el infinito. Una muerte segura de la que solo el agua podía salir viva. Pero el agua caía mansamente bajo mis pies, solo se oía el constante murmullo del agua rodando. Miré abajo como el agua se disolvia en infinitas volutas de aire y susurros, deseé bajar, verlo de cerca. Antes de darme cuenta había llegado abajo. El agua ya carecía de interes, destapados todos sus secretos no se podia esperar belleza.

Vi en la distancia a la figura, y animales, grandes. La figura de negro se acercaba a ellos. A medida que se acercaba, ellos, los animales caían. Su sangre comenzaba a manchar la hierba, todo se teñía de rojo y no se podia andar sin observar el espectáculo. Tuve cuidado, no quería mancharme. Me acerque a la figura, “¿qué has hecho?”, secibí su mirada, incrédula, ofendida. “Los has matado”, le dije, y me miró como si lo entendiese todo, como si supiese que había en mi cabeza: “bueno, puede que hayan muerto por mi culpa, pero no mas que por la tuya.” – “No puede ser, yo no les he hecho nada.” – “No esperarás que un animal sobreviva sin comida, ¿no?” Comencé a entender lo que queía decir, comence a sentir asco de mí mismo. Entonces puso la mano en el hombro “no te preocupes, lo hacemos todos.” Eso me hizo sentir mejor.

20 Abril, 2008

Fuga

Las gotas caen, pausadamente, sin detenerse nunca. Espero a que el charco se haga lo suificientemente grande, hasta poder ver el mar. Habrá que esperar. Todas las noches al dormir me recreo imaginando como será cuando pueda ver el mar, cuando no haya barreras. Antes de eso…antes de eso…van a pasar muchas cosas…quizá me ahogue en mi propio charco, quizá me beba el agua antes de tiempo, y muera de sed cuando llegue el mar. Puede que todo salga como deseo, que todo termine bien, y la espera merezca la pena. Es posible que me esté engañando, que la espera solo sea una vago consuelo ante las pocas posibilidades, ante la facilidad de que no salga todo bien, de que uno de los pilares de unda en el mar, y yo con ello. Quizá cuando llegue no encuentre a quien pensaba, quiza el sitio este vacío.

Para entonces ya habra cambiando todo, el mundo se habrá volcado y las carreteras surcaran el cielo conectado puntos infinitos. Lo que imagino puede ser realidad y la realidad, esta realidad de escasez, el esperar a ver el mar poder probar el tesoro solo sea el recuerdo de una imaginación pasada, un motivo de risa, un aliciente más.

Antes debo esperar, que las gotas caigan…quizá…

3 Marzo, 2008

Sobre la mesa

La conversación giró en otra dirección. Parecía que seguíamos comentando lo mismo, pero desde que él dijo aquello, supe que no, que ya no estábamos hablando de lo mismo. Al menos nosotros dos. Después de decirlo puso esa cara, esa sonrisa que puede parecer agradable y maliciosa dependiendo del tono de su mirada. Esta vez me pareció maliciosa, sus ojos se habían abierto mucho, y eso solo podía indicar que no era una coincidencia, que lo había dicho a propósito. Tras esto se recostó en su asiento, de manera que pareció estar inmensamente cómodo, pero que al mismo tiempo le permitía asomarse sobre la mesa con gran facilidad. Tras esto volvió a sorber de su vaso. En este momento decidí que todo había sido una coincidencia, que él ya no recordaba porque no debía hablar sobre aquello. Esa vana esperanza apenas duró unos segundos, en cuanto tuvo la oportunidad, volvió a hacerlo.

Las cosas estaban tomando un cariz realmente amargo e incómodo, hay cosas que prefiero no recordar, y él lo sabe. Creía que todo había quedado claro, que todo seguiría como antes, al parecer no. Debía apresurarme, parecía que el resto de la gente se había dado cuenta de lo que él estaba haciendo, a mi me pareció que ellos solo veían la punta del iceberg.

Respondí lo mejor que pude, lo intenté, creo que conseguí salvar las apariencias. Seguí resistiendo durante un rato más y, en cuanto se me presento una excusa razonable logre salir de allí. Para cuando salí, el ambiente en el interior se me había hecho insoportable, una atmósfera demasiado cargada. Era como si todo el aire del local hubiese desaparecido, como si hubiese perdido la referencia respecto al mundo. Sabía que ya no debía pisar más aquel sitio. Sería mejor asi, de allí no me quedaban más que recuerdos tormentosos, y la gente sólo tenía una opinión vaga y superficial sobre mí.

Corrí, me crucé con cientos de personas, logre pasar entre grandes grupos de ellas sin pararme. El aire frío me llenaba los pulmones y me hacía olvidar el calor del local. Ese local de luces rojas y apestado de humo. Esto era mejor, azul y un leve amarillo resbalando al compás de mis pasos, el aire frío llenándome por dentro, haciéndome recordar que siempre podía refiguarme allí.

18 Enero, 2008

La fiesta

Fijé los ojos en el techo mientras él me hablaba. Me fijé en como la luz de la lámpara resaltaba las imperfecciones de la pintura del techo. Más alla la gente reía, a mi cabeza llegaban los ecos de una conversación tan divertida como insustancial. Aún conservaba aquel sabor amargo en mi boca tras mi reciente visita al baño, me ayudaba a recordar dónde estaba y porqué estaba aquí, no era un recuerdo agradable, pero tampoco ocupaba un lugar dominante en mi mente, ahora no. Ese sabor era como la espina que te recuerda que sigues vivo, que aún ocupas un lugar en el mundo físico. Intenté despejar un poco mi mente, me levanté. Él me miro sorprendido, aún me seguía hablando pero yo ya no lo recordaba. Pense que si me iba sin darle importancia, no la tendría. No sabá hacia donde iba, pero me crucé con una chica que apenas conocía, me susurró algo que no llego a recordar. Quizá no dijo nada, no lo sé. Me senté en el suelo del pasillo y pensé en lo que estaría pasando justo debajo de mí, en el piso de abajo. Allí vive una familia, esperé con ellos el ascensor antes de llegar. Quizá ya estuviesen todos dormidos, quizá no pudiesen dormir por el ruido que venía de la sala, da igual.

16 Enero, 2008

Bajo el tejado

En el aire flotaba un extraño aroma, como una vieja canción que has escuchado hasta memorizar, pero que ahora no llegas a reconocer. Era mediodía, el cielo seguía cubierto de nubes. Todavía no lograba encajar las cosas en el sitio donde las recordaba, pero sabía que ambas situaciones se fundirían muy pronto. Comencé a andar sin apenas notar como me desplazaba, mi cuerpo no necesitaba pensar. Me fundí entre la multitud. Nadie reparó en mí, ellos atendían a sus asuntos con celeridad y sin pensar en ellos, pero esto les mantenía entretenidos. Yo tampoco reparé demasiado en ellos, lo prefería así. Seguí mezclándome con la gente. Ví como a una mujer con un abrigo rojo se le caía un papel del bolso mientras seguía andando, ví como un hombre de negocios intentaba parar a un taxi sin que este se detuviese a recogerlo, ví como un hombre con barba echaba una moneda a un viejo que tocaba el acordeón cerca de una pastelería. Esto fué todo.

Cuando reparé en ello me había alejado bastante de mi casa, pero no me preocupé demasiado, nadie me esperaba.

9 Enero, 2008

La puerta

Llegué y ví la puerta cerrada, el corazon aun latía de manera acelerada, podía oir los latidos retumbar en la sien. Las piernas aún me temblaban tras el vano esfuerzo. Intenté abrir la puerta, estaba cerrada con llave. Podía ver la luz bajo la puerta y , si me esforzaba, oía murmullos tras ella. Decidí esperar allí mismo a que abriesen, de todas maneras, ya no tenía a dónde ir. Me sente en el suelo. Las baldosas estaban frías y en el estrecho pasillo no había nungún radiador que rompiese la monótona serie de puertas. Miré el reloj: solo habían pasado unos minutos de la hora señalada. En realidad, ya no me extrañaba ni me enfadaba haberme quedado fuera. Ya dificilmente podía sentir algo que no fuese el cansancio y decepción.

7 Enero, 2008

Partida y llegada

Seguía en la carretera, hacía frío. Era tarde, pasaban unos minutos de las doce y mi cuerpo estaba algo cansado y entumecido tras permanecer tantas horas en la misma posición. Tiritaba ligeramente. Entonces llegué, era un sitio frío y totalmente desconocido. Las calles estaban oscuras y el asfalto reflejaba el débil brillo de las farolas. Se podían ver algunas hojas pegadas al suelo, que habían sido aplastadas por el tránsito de horas antes. Fué entonces cuando me dí cuenta de que nunca habia sido tanto yo mismo.