Fijé los ojos en el techo mientras él me hablaba. Me fijé en como la luz de la lámpara resaltaba las imperfecciones de la pintura del techo. Más alla la gente reía, a mi cabeza llegaban los ecos de una conversación tan divertida como insustancial. Aún conservaba aquel sabor amargo en mi boca tras mi reciente visita al baño, me ayudaba a recordar dónde estaba y porqué estaba aquí, no era un recuerdo agradable, pero tampoco ocupaba un lugar dominante en mi mente, ahora no. Ese sabor era como la espina que te recuerda que sigues vivo, que aún ocupas un lugar en el mundo físico. Intenté despejar un poco mi mente, me levanté. Él me miro sorprendido, aún me seguía hablando pero yo ya no lo recordaba. Pense que si me iba sin darle importancia, no la tendría. No sabá hacia donde iba, pero me crucé con una chica que apenas conocía, me susurró algo que no llego a recordar. Quizá no dijo nada, no lo sé. Me senté en el suelo del pasillo y pensé en lo que estaría pasando justo debajo de mí, en el piso de abajo. Allí vive una familia, esperé con ellos el ascensor antes de llegar. Quizá ya estuviesen todos dormidos, quizá no pudiesen dormir por el ruido que venía de la sala, da igual.
18 Enero, 2008...6:28 pm
La fiesta
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