3 Marzo, 2008...7:34 pm

Sobre la mesa

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La conversación giró en otra dirección. Parecía que seguíamos comentando lo mismo, pero desde que él dijo aquello, supe que no, que ya no estábamos hablando de lo mismo. Al menos nosotros dos. Después de decirlo puso esa cara, esa sonrisa que puede parecer agradable y maliciosa dependiendo del tono de su mirada. Esta vez me pareció maliciosa, sus ojos se habían abierto mucho, y eso solo podía indicar que no era una coincidencia, que lo había dicho a propósito. Tras esto se recostó en su asiento, de manera que pareció estar inmensamente cómodo, pero que al mismo tiempo le permitía asomarse sobre la mesa con gran facilidad. Tras esto volvió a sorber de su vaso. En este momento decidí que todo había sido una coincidencia, que él ya no recordaba porque no debía hablar sobre aquello. Esa vana esperanza apenas duró unos segundos, en cuanto tuvo la oportunidad, volvió a hacerlo.

Las cosas estaban tomando un cariz realmente amargo e incómodo, hay cosas que prefiero no recordar, y él lo sabe. Creía que todo había quedado claro, que todo seguiría como antes, al parecer no. Debía apresurarme, parecía que el resto de la gente se había dado cuenta de lo que él estaba haciendo, a mi me pareció que ellos solo veían la punta del iceberg.

Respondí lo mejor que pude, lo intenté, creo que conseguí salvar las apariencias. Seguí resistiendo durante un rato más y, en cuanto se me presento una excusa razonable logre salir de allí. Para cuando salí, el ambiente en el interior se me había hecho insoportable, una atmósfera demasiado cargada. Era como si todo el aire del local hubiese desaparecido, como si hubiese perdido la referencia respecto al mundo. Sabía que ya no debía pisar más aquel sitio. Sería mejor asi, de allí no me quedaban más que recuerdos tormentosos, y la gente sólo tenía una opinión vaga y superficial sobre mí.

Corrí, me crucé con cientos de personas, logre pasar entre grandes grupos de ellas sin pararme. El aire frío me llenaba los pulmones y me hacía olvidar el calor del local. Ese local de luces rojas y apestado de humo. Esto era mejor, azul y un leve amarillo resbalando al compás de mis pasos, el aire frío llenándome por dentro, haciéndome recordar que siempre podía refiguarme allí.

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